Qué es la innovación

Museo de las Ciencias

La palabra innovación pone el énfasis en lo nuevo o novedoso, pero esta interpretación lleva a equívocos.

Por ejemplo, casi todos coincidiríamos en que la imprenta de caracteres móviles, la pólvora y la brújula representaron grandes innovaciones en la época del Renacimiento europeo, que transformaron la sociedad en muchos aspectos. Pero muchos descubrirán con sorpresa que estas tres innovaciones ya eran conocidas en China siglos antes. Por esta razón, en sentido estricto, no eran “novedades” aunque sí lo fueron en Europa. Y citando otro ejemplo, los vikingos conocieron la brújula y sus trajes de pieles compitieron con los mejores trajes térmicos actuales, además de suscitar la admiración actual por su conocimiento de la forja, fabricando espadas que, según algunos expertos, no tenían nada que envidiar a las mejores espadas samurai.

La paradoja implícita en estos ejemplos nos lleva a un interesante enfrentamiento de dos paradigmas históricos: el paradigma lineal, que considera la acumulación de los conocimientos a través del tiempo, por lo cual, quien viene después necesariamente sabe más que quien ha vivido antes, y otra visión, que considera ciclos históricos. Es así que comprobamos que, en la época romana, era común el reproducir textos legales en placas de bronce expuestas públicamente, implicando que muchos ciudadanos sabían leer. Mientras que, en la Edad Media, es decir, cientos de años más tarde en el mismo espacio geográfico, las vidrieras de las catedrales góticas fueron la principal manera de narrar las historias de la Biblia, pues la población era analfabeta.

¿Entonces qué es la innovación, sólo lo estrictamente nuevo o también aquello que ya se conocía en el pasado y que se ha redescubierto, una suerte de “moda” que retorna? Dejemos que el lector encuentre una respuesta que le satisfaga y pasemos a una definición formal del concepto de innovación:

Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) la innovación es “la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización en el lugar de trabajo o en las relaciones exteriores” (OCDE, 2005, p.56).” Así, la OCDE reconoce cuatro formas de innovación: de producto, proceso, mercadotecnia u organización. También existen otras clasificaciones de innovación como aquella que distingue entre las innovaciones incrementales y las disruptivas.

Sugerimos la utilidad de ampliar nuestra visión de lo que es la innovación para integrar lo que hoy sabemos de las funciones de los dos hemisferios cerebrales. Es así que hemos descubierto las funciones complementarias del hemisferio cerebral izquierdo, que analiza, y el hemisferio cerebral derecho, que sintetiza e integra.

Desde este punto de vista, innovación sería tanto la ingeniería fruto del análisis - que por lo general se traduce en nuevas tecnologías - como los nuevos paradigmas y las nuevas visiones, fruto de la imaginación creadora. Una de las grandes capacidades humanas enraizadas en el hemisferio cerebral derecho.

Si, además, estas nuevas visiones tienen fines altruistas y se traducen en un aumento del bien común, más que en egoístas transferencias de recursos hacia los pocos, entonces podremos hablar verdaderamente de innovaciones para el bien común.

Cuando los seres humanos consideramos el bien de nuestros congéneres y de la sociedad en un sentido amplio, despierta en nosotros una gran creatividad y nuestras creaciones están más cercanas al orden natural y ecológico.