¿Qué puedo hacer con la Inflación?


Imagen: Advantus Media Inc. and QuoteInspector.com


La respuesta inmediata es "nada". La inflación es una poderosa fuerza económica que es indiferente a nuestro parecer, a menos, por supuesto, que usted desempeñe un papel influyente en la fijación de la política monetaria de cualquier economía importante.

Pero la inflación no es tan fácil de manipular. No se plegará inmediatamente a la voluntad colectiva de los monetaristas que establecen tipos de interés más altos. La estrategia en este caso es reducir la inflación mediante la reducción de la demanda económica. Otras vías fiscales para lograr el mismo resultado implican el control de la oferta monetaria, reduciéndola. Eso significa menos gasto público, aunque recortar en profesores, policía y salud no es exactamente una fuente de votos. Tampoco lo es aumentar los impuestos para reducir el gasto, disminuir la demanda y poner freno a la subida de los precios. O mediante controles salariales, aunque ese proceso más enrevesado de las políticas de oferta, en que la reducción de la competitividad de una economía es la táctica contraintuitiva para fomentar el bienestar futuro de una nación.


Todo es un poco complejo.


Se dice que controlar la inflación es como intentar ajustar la temperatura de una ducha en la que se ajusta manualmente el caudal de agua. Un pequeño ajuste en un sentido da como resultado un chorro de agua helada no deseado y un ajuste compensatorio en el otro sentido da un chorro de agua hirviendo. Puede llevar un tiempo, y varios intentos, ponerlo todo bajo control.


Sin embargo, hay medidas correctoras a tu disposición. Cosas que puedes hacer y otras que puedes evitar. Poseer más cosas que puedan subir de precio a causa de la inflación, y menos de aquellas cuyo valor pueda ser castigado por ella.


Poseer inversiones tangibles en tiempos de inflación puede ayudar. Su valor físico intrínseco se ha considerado tradicionalmente como una cobertura contra la inflación. Me vienen a la mente los recursos naturales, los metales preciosos como el oro o la plata, y los bienes inmuebles. Se conocen como activos concretos, en contraposición a los activos financieros que ya conocemos, o la variedad de activos intangibles como el fondo de comercio, la propiedad intelectual o la marca. Todos ellos siguen estando sujetos a los impactos relacionados con la oferta y la demanda.


Lo que sí sufrirá mucho es el dinero en efectivo escondido bajo el colchón. Sin intereses, el poder adquisitivo se derretirá como un helado comprado en la Plaza Mayor de Madrid en julio. Hay un cálculo abreviado para cuantificar el impacto de la inflación en todo. Divida 72 entre cualquier tasa de inflación y ese es el número de años necesarios para reducir a la mitad el poder adquisitivo de sus activos no protegidos contra la inflación.


En el otro lado de la misma idea, la deuda será erosionada limpiamente por la inflación en términos reales y cubierta por pagos futuros que, a su vez, son menores en términos monetarios. No todo es malo.


Aparte de eso, la inflación puede considerarse la peor forma de fiscalidad, ya que su naturaleza tortuosa se come lo que queda de tus ingresos, que no siempre pueden seguir el ritmo. Nos volvemos progresivamente más pobres, lo que, irónicamente, inhibe nuestro gasto, ralentiza la economía y reduce las presiones inflacionistas. Sin embargo, no es exactamente una situación en la que todos salgan ganando, ¿verdad?


Por cierto, a los gobiernos les gusta la inflación. Pero que no sea demasiada. Cuando hay un elemento de inflación en el sistema, los precios de la vivienda tienden a subir, aunque no siempre en términos reales, pero sí en términos monetarios y todos nos sentimos más ricos. Gastamos más y la economía se beneficia. Si la tendencia subyacente fuera la deflación, el gasto se detendría y con ello la economía y los ingresos fiscales. Para ello, basta con consultar a Japón. ¿Por qué comprar algo hoy si se puede comprar más barato el año que viene? Es sólo cuando, como en el ejemplo de la ducha, la economía se sobrecalienta, que hay que inyectar un poco de agua fría en el sistema. Hay demasiado dinero dando vueltas por el mundo.


Que es lo que está ocurriendo hoy. No solo en tu propio país, sino en todas partes.


En Francia, España y la zona Euro en general, la inflación está superando el 5%, de acuerdo con el Financial Times, y está previsto que aumente hasta el 7,5% en el Reino Unido, donde el 5,5% ya es el máximo alcanzado en 30 años. En Estados Unidos se ha superado la el 7% de inflación por primera vez desde 1982, cuando Paul Volker, economista de línea dura, era el presidente de la Reserva Federal. Y E.T. era la película imprescindible del año, para aquellos que pueden recordar una época tan remota.


Hoy en día, las ambiciones de Rusia sobre la integridad territorial de Ucrania están disparando los precios del gas entre otras consideraciones geopolíticas en las que la tasa de inflación subyacente, estemos donde estemos, podría ser el menor de nuestros problemas. Todo necesita perspectiva.


La inflación es un gran problema y no hay que subestimarla, aunque el impacto a largo plazo sobre las finanzas puede mitigarse, aprovecharse y, algún día, volver a estar bajo cierto grado de control. Pero, si lo pensamos bien, ¿qué otra cosa es más importante para ti y para tu bienestar, el de tu familia, el de tus vecinos y el de nuestra comunidad en general, en un planeta que cada vez tiene más exigencias, recursos cada vez más escasos y graves problemas de sostenibilidad?


No se trata de la inflación, aunque, sin duda, esa será una de las manifestaciones. No va a desaparecer pronto.


Marius Hampden

Febrero de 2022

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